Al margen de Lionel Messi, que habita otra dimensión, la selección puede perder a su pieza más importante: nadie entiende mejor el juego que. Nadie se asocia mejor a las necesidades del equipo.
Una lesión, otra más, puso en shock a la selección argentina y hace tambalear el plan original de Lionel Scaloni. Suena tremendista, pero así de trascendente sería para el plantel no contar con Lo Celso si se confirma que, además del desgarro en el bíceps femoral derecho, también sufrió un desprendimiento en la inserción del músculo.
Esto demandaría, quizás, hasta una operación, una recuperación de entre 6 y 8 semanas. Sin él en el Mundial de Qatar, la sala de máquinas, el corazón de la Argentina, extrañaría a un pistón esencial. Las sensaciones hasta anoche, alrededor del cuerpo técnico nacional, eran pesimistas. Y de mucha angustia.
Primero se confirmó el desgarro, lo que ya suponía que no podría jugar en el debut del 22 de noviembre contra Arabia Saudita. Pero las imágenes detectaron algo más, algo que oscureció el horizonte: el probable desprendimiento. La zona, aún inflamada, impedía al cierre de esta edición ofrecer más certeza en los chequeos. La ilusión –y la esperanza– a la que se abraza el cuerpo técnico es que, cuando baje la inflamación, el diagnóstico no sea tan agorero. Y definitorio.
Para entender la influencia de Lo Celso: la Argentina perdería a su volante más creativo, al jugador que entregó más asistencias durante las eliminatorias sudamericanas. A uno de los favoritos de Scaloni: estuvo en 35 partidos del ciclo –como Messi–, apenas superado en esta estadística por Lautaro Martínez (38), Leandro Paredes (40) y Rodrigo De Paul (42). No es casual: De Paul/Paredes/Lo Celso, casi el podio de presencias en el eje de la selección argentina.
Hay jugadores extraordinarios, imprescindibles, como Lionel Messi, desde luego. Y existe una raza más terrenal, los esenciales. Ese es Giovani Lo Celso para este equipo. Socio para el toque, sombra para la descarga, refugio ante la presión rival. Un talentoso que, además, entiende que el esfuerzo es un atributo casi patriótico de esta selección.
Y si se confirma el peor escenario, y si no va a Qatar, ¿quién lo reemplazará? Otro Lo Celso no hay. Clarividente en el juego, elegante y zurdo, no hay. Ninguno, tampoco, tendrá la función tan aceitada con Paredes y De Paul porque ellos hace más de tres años que juegan juntos.
Pero la Argentina no presentará diez futbolistas, claro. ¿Opciones? La más natural resultaría Alejandro ‘Papu’ Gómez como interior, aunque con otras características, claro. Es apenas discreto el presente del exSan Lorenzo y Arsenal en el Sevilla que ahora conduce Jorge Sampaoli.
O Alexis Mac Allister, últimamente más adaptado a la posición de volante central en Brighton, pero con condiciones para ocupar ese lugar. O Enzo Fernández, que de confirmarse la obligada deserción de Lo Celso, sin dudas tendría garantizado su cupo en el plantel que viajará a Medio Oriente.
El ex River se adaptó muy bien y se destaca en Benfica, puntero en la Liga de Portugal y, también, del Grupo H de la Champions junto con PSG (hoy se definirá el primero). Exequiel Palacios sería una alternativa más retrasada, porque apenas el sábado pasado regresó en Bayer Leverkusen (ayer fue titular en el equipo de Xabi Alonso y salió en el entretiempo), tras una prolongada rehabilitación. Pero, se entiende, nadie podría jugar ‘de Lo Celso’.
La desazón cubría ayer a los alrededores de la selección, como si se conociera una sentencia negativa. El parte médico de Villarreal llegará más temprano que tarde, más allá que desde el domingo el cuerpo médico de la selección –y de Tottenham, dueño del pase del volante– está sobre el tema. Hasta se llegó a especular con un permiso del club español para que Lo Celso viniera a Ezeiza a recuperarse. Claro, cuando ‘sólo’ se trataba de un desgarro.
Cuando Lo Celso crece en el juego, crece la selección. Y Messi se siente respaldado. Quedó a la vista durante el ciclo. Increíble mala fortuna si no concurre al Mundial. Ya en Rusia 2018 vivió una experiencia frustrante: también estaba entre los favoritos del DT Jorge Sampaoli, incluso, fue una de las figuras en el amistoso de despedida que la selección saldó con muchos goles ante Haití en la Bombonera.
Pero su paso por Rusia resultó apenas testimonial: no jugó ni un minuto porque el técnico obedeció el mandato de los históricos. Querían morir ellos en la cancha. Desde ese destierro volvió Lo Celso. Y los convenció a todos. A Scaloni, porque el juego directo fue la elección primaria del entrenador en su condición de interino. Pero confirmado en el cargo, comprendió que Messi necesitaría interlocutores y no sólo pasadores en velocidad. Del resto se encargó Lo Celso, que convenció a un DT proclive a las correcciones, sin caprichos. Y convenció al capitán, que en Rusia no había advertido el beneficio de tenerlo cerca.
‘Mono’ lo bautizó su padre, Juan. Era inquieto, muy inquieto por las calles rosarinas de la Florida. Jugaba al fútbol de salón en el club Regatas, ahí pegadito al Gigante, y fútbol de campo en el colegio San José. Alternaba. Hasta que a finales de 2010 cumplió una prueba en Central y quedó. Siempre jugó igual: entiende, interpreta, conduce. Se juega en equipo y Lo Celso lo sabe. Ideal para el Messi de 35 años que aprendió a delegar. Esta Argentina juega y propone desde la pelota. Imposible no sentir escalofríos si la que se pierde… es la brújula.
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